sábado, 7 de febrero de 2009

La doncella y yo

La espléndida doncella se mueve en la cocina, se desliza silenciosa, puedo ver su sombra caminar de un lado a otro, apenas el leve sonido de sus pies uno tras otro en el piso, solo puedo escuchar mi respiración que inunda, casi podría jurar que ella me escucha también, porque su mirada furtiva mira a mi sitio de vez en vez con temerosa expresión. ¿Será posible entonces que haya leído mi mente? ¿Será el caso que ella conoce mis intenciones de exterminar?
Parece conocedora de mis instintos y pávida aún no se atreve a escapar, acomoda con hacendosa insistencia cada cubierto de plata en su lugar, más por un segundo parece haber guardado uno largo, fino y afilado en su vestido, enrollado en las prendas de su amarillento delantal está, incisivo y pulcro, cual si con la turbiedad de la sangre humana volviera al lóbrego lugar de donde, después de siglos en bruto, provino.
Ella no se aventura aún a romper el silencio y gritar por auxilio, aunque desde mi sitio puedo ver brillar de sudor su bendecida frente con prematuras arrugas por preocupaciones y reproches.
¡Cuán tan bella podría yo poseer que al no tener quiero sepultar!, si una vez me mira con expresión suplicante y soy todo lo que puede ver, lo último en su saber, realmente sus brazos alrededor mío y su respiración cerca de mi faz, con la espesa calidez de sus venas bordeando mis dedos colmando mis aspiraciones de regocijo y mis ojos de lágrimas… ¡Oh! Si pudiera conocer cuanto le amo.
Se escurre silenciosamente de un momento a otro, podría apostar por saber lo que siente y lo que piensa, quiere correr pero se detiene cavilando que tal vez ha sido toda esta realidad solo imaginación suya, aún no me ve y sé que casi me siente, como si la yema de mis dedos pudiera tocar solo la faz de los vellos de sus brazos, como si la incesante voz que proclama su nombre en mi cabeza fuera tan intensa que ella pudiera escuchar al menos un susurro de esta.
Algo que es tan delicado y necesitado de protección suele despertar en mí un deseo asesino irrefrenable, que me ofrece una serie de cuestionamientos en torno a mi víctima --¿acaso el rojo de sus mejillas proviene de la sangre agolpada en su rostro? ¿Podría yo deleitarme con la belleza de esos pómulos desgarrados, arrancados y resbaladizos en mis manos al igual que lo hago ahora al verla repleta de vida y juventud?—pero ni el cuadro de ello sacia mi fantasía; debo hacerlo ahora, debo levantarme de mi escondite y correr hacia ella, debo abrazarla para que se sienta segura porque nunca he asesinado a alguien que me conoce y confía en mí, porque nunca he visto una expresión que contenga el conocimiento de traición y desilusión en ella.
Me deslizo sigilosamente yo también para alcanzarla antes de que pueda notar que estoy ahí, ahora presente sin escondrijos y decidido a hacer lo que sea que fui a hacer; me muevo veloz por los rincones por los que ella pasó hasta acariciarla por fin, y deslizo las yemas de mis dedos por la faz de sus cabellos, y murmuro su nombre cerca de su nuca que siente el viento helado de un suspiro al terminar la última sílaba que pronuncio, su respiración arrecia, toco sus brazos con mis manos pero ella no se tranquiliza, su pecho se agita, sus mejillas recobran el carmín de antes y las venas de su cuello se exaltan.
Los dos como en una escena de cine artística, bailando acompasados sin movernos y más que nosotros danzando nuestros pensamientos hasta que sus opulentos labios se entreabren para advertirme demasiado tarde que siempre supo que estaba ahí y que estaba preparada para mí.
Repentinamente, antes de que pueda sopesarlo el brillo de sus ojos infernal y trastornado, uno más de color acerado sostenido en su mano y uno último carmesí brotando de mi pecho lacerado.
--Casi podía escucharte decir mi nombre— dice la victimaria cercana a mi rostro sintiendo mi respiración que se mezcla con la suya, la presión de mis dedos sujetos a sus brazos, mientras la calidez de mi venas bordea por sus dedos, colmando de alivio sus esperanzas y sus ojos de lágrimas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Never Woke Up from Katy Towell

The girl who felt asleep and never woke up

Jigoku Shoujo

Otra de mis canciones favoritas, es el opening de La chica del Infierno, una serie japonesa de la que me enamoré y por la cual una de mis amigas me dice así: chica del infierno. También les recomiendo la serie, está genial.