sábado, 14 de febrero de 2009

Muñecas Rotas

Entre las partituras de una canción en piano encontré una muñeca rota, alojada en las profundidades de un cofre oblongo, mostrando las veces de una caja mortuoria, siniestra y con penetrante aroma a madera vieja, enmohecida.
Me acerqué a tan solo unos centímetros de su rostro de porcelana para escuchar sus murmullos, y no entendía lo que decía, pero en un momento congelada de estupefacción con las palabras: “Repleta de trozos desquebrajados”, la muñequita que un día simbolizó a una princesa frente a mis ojos cobró vida, llorando por clemencia, suplicando perdón, asida a una última esperanza por tener el corazón de quien amo, y vanagloriada un día, hoy olvidada. Como brisa, no, apenas como un suspiro, su existencia es tan delicada que ya no tan cerca puedo oír sus entrañas clicar unas con otras, todas rotas, por nueva y desconocida soledad. “Soy una de ellas, soy otra más, soy una muñeca rota, una deplorable figura en la oscuridad”. Y así cuenta su historia, así dice terminar, alejada por sus propios pasos del hombre al que amó y más tarde decidió alejar.
Poco a poco oigo sus sonidos, las más escondidas empiezan a despertar.
“Escucha los sonidos del polvo, el polvo que se ha colado hasta mis dientes, el polvo de la lobreguez” Crujiendo los granos de tierra se escuchan claramente las palabras saliendo de su boca seca, se torna con un intentó de lágrima, tan nueva y con las ilusiones tan degolladas. Esta muñeca de mirada tierna y paradójicamente tan agresiva, con reluciente porcelana, simplemente está vacía, ni siquiera tiene algo roto dentro, pero su abismo exaspera aun más, un par de intentos de obsequiar un corazón nuevo, y como perlas a los cerdos se los quiso entregar, un par de hombres que de su estupidez no pudieron despertar, se alejan lánguidamente dejando a Snow Queen en continuo malestar. “Soy una de ellas, soy otra más, soy una muñeca rota, una deplorable figura en la oscuridad”. ¿Cómo podrías salvar un corazón roto, que a pesar de todo desea perdonar?
Una más se acerca, sus zapatitos en el suelo se oyen repiquetear, hala con miedo la orilla de mi pantalón, una lagrimita comienza a resbalar, que la ha dejado solita su dueño, le prometió cobijo y ahora no está, se ha cansado de gritarle al cielo, quiere tener también lo que ella a él le da, pero apenas tiene un poco para sí misma y aún así decide todo a él proporcionar, cansada ya, demacrada y probablemente asesinada por quien dijo quererle atentamente, ser su consuelo en la soledad. “Jamás me ha dado ningún alivio, a mis mañanas la vida ha decido quitar, con sus acciones de hombre avaro, con sus discursos de egocéntrica seriedad” “Soy una de ellas, soy otra más, soy una muñeca rota, una deplorable figura en la oscuridad”.
Solo una de ellas parece tener un poco de suerte pero, con el paso de los años sus pulmones y vientre de furia y tristeza parecen reventar, la han herido ya otras veces y ahora solo quiere descansar; de sublimes y magnificas sombras, de una sonrisa bordeando escarlata, y de oscuridad entera se ha conformado su personalidad. En los brazos de un hombre que parece ser bueno, tratando, y sin querer, sus heridas sanar, otro pequeño muñeco, pues para comprenderla a ella otro hombre común no se podría necesitar. Es ella es muñeca rota, la que eleva sus brazos en sublime ademán mientras su compañero retrata de ella la más armoniosa silueta. Aún así es también parte de la lúgubre galería: “Soy una de ellas, soy otra más, soy una muñeca rota, una deplorable figura en la oscuridad”.
Poco a poco ocupan todas sus antiguos lugares, víctimas de su propio abandono ante quien querían amar, poco se puede hacer por ellas, pues solitarias y cansadas sus sentimientos no pueden de su corazón desalojar.
Las muñecas rotas, las venas trasgredidas, las muestras de las razones por las cuales el mundo debe girar ahora ennegrecidas y atenuadas por sí mismas, donde dejan la piel dispuesta para cobijar a aquel que las necesita, donde unos y otros han encontrado compañía, donde unos más ofensivos han vuelto abandonar en la caja mortuoria, en donde vuelven a morir cada día, en donde su soledad les arrebata, en donde sin moverse un segundo recorre por su cuerpo la trágica ironía de haberse visto tan bellas, tan opulentas y ahora tan sombrías.
Una carta a las muñecas rotas que me rodean, el grupo al que yo misma creo por momentos pertenecer, un pensamiento dedicado a ellas, una lágrima para acompañar, y un suspiro que entre susurros solo demuestra el cansancio de su corazón.
¡¡¡Feliz Día de San Valentín Muñecas Rotas!!!

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